Al parecer, convertir a un animal en parte de la familia es algo que solo los humanos hacen. Pero la pregunta es, ¿por qué?
No está claro cuándo comenzó el ser humano a domesticar animales.
Sabemos qué, hace miles de años, nuestros antepasados probablemente solían tener lobos alrededor. Posiblemente los capturaron de jóvenes, los domesticaron y se dieron cuenta que eran útiles para la caza.
Poco a poco se volvieron animales más mansos, y evolucionaron hasta convertirse en perros.
Esto pudo haber empezado hace 27.000 años, de acuerdo a un estudio publicado en mayo.
Desde entonces los humanos han querido rodearse de perros y tener mascota se ha convertido en una práctica común en muchas culturas.
En los últimos años, las mascotas han pasado de ser simples compañeros a convertirse en verdaderas “celebridades” en nuestras vidas. La moda en torno a los animales de compañía ha crecido exponencialmente, impulsada por redes sociales, influencers y una cultura de consumo que, por un lado, promueve la vinculación emocional con estos seres vivos, pero, por otro, también puede llevar a decisiones irresponsables. Esta nota examina cómo la moda puede influir en la adquisición de mascotas, a menudo sin tener en cuenta las serias responsabilidades que conlleva.
La influencia de las redes sociales
Las redes sociales han transformado la relación que tenemos con nuestras mascotas. Los perfiles de Instagram y TikTok llenos de gatos adorables y perros con atuendos extravagantes han creado una cultura donde tener una mascota no es solo una opción, sino una tendencia. Influencers y celebridades muestran cómo se integran sus animales a sus vidas, dando a entender que tener una mascota es sinónimo de estilo y estatus.
Sin embargo, esta proyección superficial ignora las realidades cotidianas que vienen con ser dueño de una mascota. La realidad es que tener un animal implica un compromiso serio que incluye responsabilidad, tiempo y recursos. La moda puede llevar a las personas a adoptar impulsivamente, motivadas más por la apariencia o la tendencia que por el deseo genuino de cuidar y amar a un ser vivo.
En la era de las redes sociales y el culto a la imagen es frecuente ver publicaciones de celebridades con sus mascotas luciendo las últimas tendencias de la moda… ¡las mascotas, no sus dueños! Cuando la empresaria Paris Hilton irrumpió en eventos de alta costura acompañada de su elegante chihuahua, estos fieles compañeros escalaron a la categoría de accesorios de lujo para famosos y para la sociedad en general. Así, prácticamente se convirtieron en una extensión del estilo y personalidad de sus propietarios
El viejo dicho “las mascotas se parecen a su dueños” ha evolucionado hacia una nueva interpretación: los dueños se expresan a través de sus fieles compañeros. Esto es lo que revela una reciente investigación llevada a cabo por la Universidad del Rosario en colaboración con universidades de España y Australia.
La decisión de no tener hijos parecería ser cada vez más frecuente en nuestra sociedad. En Estados Unidos y en Europa las personas priorizan su carrera y su vida personal y retardan lo más posible la paternidad hasta finalmente desecharla.
hoy en día las mujeres que eligen no ser madres ya no son más miradas de reojo por tomar esa decisión, tal como sucedía en épocas pasadas. «Estas mujeres están inventando un nuevo arquetipo femenino”
Pero no solo las mujeres eligen no tener hijos. Muchos hombres también se pliegan a esa decisión y buscan una pareja que tenga ese mismo ideal para poder compartir la vida sin ninguna limitación y no cargar con la responsabilidad que implica la crianza de un hijo.
Dinky es un término que surgió en los 80 y que proviene de la sigla inglesa para double-income; no kids (sueldo doble sin hijos). Así se denomina a las personas que no quieren ser padres para poder dedicarse exclusivamente a sus carreras laborales y a su vida personal. Algunos atribuyen esta decisión a diversos motivos, como su incapacidad económica, la sobrepoblación mundial o la dura realidad del mundo en la que deberá vivir ese niño. Los críticos de estas personas aseguran que son seres egoístas y hedonistas, que dejan de lado los valores de la familia y se dedican sólo al consumismo.
«Hay parejas que directamente consensúan no tener hijos y ponen toda la libido en el consumo, los viajes y el desarrollo personal y profesional. A veces, comparten una actividad o una pasión, como el cine. Prefieren tener su libertad plena y no estar atados a nada ni a nadie«
«Hacen cálculos de lo que cuesta criar un hijo y ese dinero lo vuelcan a ellos mismos. A veces tienen una mascota, pero no quieren apegarse a otra persona. Por lo general, forman una pareja simbiótica con la que hacen todo y tienen temor a despegarse. Son parejas muy unidas», sostuvo la especialista, quien indicó que este fenómeno es cada vez más visible en nuestro país, sobre todo en personas de más de treinta años.
Experiencia real
Hace 15 años, cuando se conocieron, la empresaria Patrícia Camargo, de 38 años, y su marido, el odontólogo Mateus Santana, estaban pensando en formar una familia considerada tradicional.
Pero cuando se casaron, el plan de tener hijos en casa empezó a posponerse.
La pareja se dio cuenta de que incluir niños en la relación era mucho más una exigencia de la sociedad que su voluntad real. Las responsabilidades de criar a un niño fueron algunos de los factores que tuvieron en cuenta a la hora de tomar la decisión.
«No nos habíamos parado a pensar si realmente queríamos tener hijos. Fue entonces cuando me di cuenta de que no tenía ese deseo y comencé a hablar con Mateus al respecto», dice la empresaria que en el momento de la decisión, hace poco más de 7 años, tenía una tienda para mujeres embarazadas y madres.
La elección de no querer tener un bebé vino acompañada de algunas críticas. «Nuestras familias y amigos entendieron nuestros deseos y dejaron de exigirnos un niño. Pero algunos me dijeron que estaba siendo egoísta», dice.
Patrícia y Mateus decidieron en aquel momento que tendrían una mascota para darle más alegría a la casa. Fue entonces cuando Bombi llegó a la vida de la pareja. Dos años más tarde, Nina se unió a la familia.
«No es un reemplazo, es una opción. Los trato como a mis hijos, los cuido y me haré cargo de ellos hasta el final de mi vida», dice Patrícia.
Como padre de mascota sabemos que amas a tu perro o gato y que estás más que dispuesto a ofrecerle la vida que merece, colmándolo de amor, educándolo, alimentándolo bien y permaneciendo atento a todos sus cuidados. Sin embargo, no importa cuánto quieras a tu peludo, es importante no humanizar alas mascotas.
Se trata de darle a tu perro o gato atributos humanos que puedan no solo causar trastornos en su conducta, también ocasionar problemas asociados con cosas como el estrés, la irritabilidad y la agresión.
A continuación te explicaremos qué hay detrás de esa afición de humanizar a las mascotas y por qué los expertos en todo el mundo lo consideran también un tipo de maltrato animal.
Como padre de mascota sabemos que amas a tu perro o gato y que estás más que dispuesto a ofrecerle la vida que merece, colmándolo de amor, educándolo, alimentándolo bien y permaneciendo atento a todos sus cuidados. Sin embargo, no importa cuánto quieras a tu peludo, es importante no humanizar alas mascotas.
Se trata de darle a tu perro o gato atributos humanos que puedan no solo causar trastornos en su conducta, también ocasionar problemas asociados con cosas como el estrés, la irritabilidad y la agresión.
A continuación te explicaremos qué hay detrás de esa afición de humanizar a las mascotas y por qué los expertos en todo el mundo lo consideran también un tipo de maltrato animal.
¿En qué consiste humanizar a las mascotas?
Humanizar a las mascotas consiste en verlas como si se tratase de personas. Algunos tutores de perros o gatos tratan de identificar en sus regalones gestos, actitudes, preferencias que solo son acordes con la conducta de las personas, tergiversando por completo sus preferencias y sus instintos animales.
Esto no tiene nada que ver con el amor y los cuidados que le profeses a tu mascota. No debes confundir las cosas. Puedes amar a tu perro y a tu gato de una forma especial e incondicional, sin tratarlo como si se tratara el niño menor de la casa, por ejemplo, y respetando la autonomía y las necesidades propias de su raza.
¿Por qué es malo humanizar a un perro o gato?
Cuando las mascotas acompañan a personas muy solitarias, las probabilidades de que surja un afán por interpretar de un modo emocional más humano las actitudes del animal, son mayores.
Como ya lo hemos dicho antes, una cosa es querer a tu mascota y otra, muy distinta, es irrespetar su esencia animal y trastocar su mundo. Las personas que defienden los derechos de los animales ven en este asunto de la humanización de mascotas otro modelo de maltrato.
Al adjudicarle a tu perro o a tu gato supuestas necesidades que son inherentes a las personas y no a las mascotas, malinterpretas su esencia y comienzas a restarle importancia a cosas que realmente son importantes para ellos dentro de su naturaleza animal: un buen ejemplo de ellos es la nutrición, el ejercicio y sus hábitos diarios.
¿Humanizaste a tu mascota? Descúbrelo a tiempo
Básicamente hay tres aspectos en los que puedes identificar si has estado, o no, humanizando a tu mascota: la alimentación, sus hábitos regulares y la forma en la que te relacionas con él.
Si has estado alimentando a tu mascota con las mismas cosas que preparas para tu dieta diaria o le permites comer en la mesa, a tu lado, puede que te estés extralimitando. Recuerda que las necesidades nutricionales del perro o del gato son muy distintas a la tuya y si bien es cierto que hay dietas orgánicas muy efectivas, ellos deben ser alimentados con suplementos especiales, concebidos para su biología animal.
Hacer que el perro haga sus necesidades en el WC o vestirlo a diario, sin importar las condiciones del clima, son actitudes que atentan contra su naturaleza. No interfieras con sus hábitos, esto les causa confusiones, desórdenes y trastornos.
Llevar de paseo a tu perro o gato en un cochecito, tratarlo como a un bebé o adjudicarle emociones como los celos, la culpa o la rabia, son también indicios claros de que estás en vías de humanizar a las mascotas.
¿Cuáles son las consecuencias de humanizar a las mascotas?
Recuerda que humanizar a tu perro o gato va de la mano con un particular instinto por sobreprotegerlo. Al privarlo de relacionarse saludablemente con otros animales, comienzas a ocasionarle problemas que eventualmente comenzarán a manifestarse en su conducta.
Te encontrarás con una mascota irritable, agresiva, con episodios destructivos, incapacitada para socializar adecuadamente con otros animales, ansiosa y, en el peor de los casos, hasta con problemas de sobrepeso.
Recuerda que humanizar a tus mascotas va de la mano con ese asunto de consentirlo en exceso, por lo que se pierden las nociones de disciplina, de entrenamiento y de brindarle el adecuado trabajo físico, debido a ese empeño de protegerlos.
Un animal que no conoce las reglas, que no tiene claro quién es el líder de la manada en casa, que no realiza la actividad física necesaria para liberar tensiones y que está imposibilitado para socializar sanamente, porque siempre va vestido o es transportado en coche o en un bolso de mano, tarde o temprano desarrollará trastornos de conducta muy serios.
